viernes, 21 de agosto de 2015

Malos tiempos para la lírica



Los que llevamos unos años en esto aún no nos hemos cansado aún de decir que esto del 2.0 es mucho más de un par de redes sociales y un buen smartphone, que esto va de conversar, de interactuar, de dialogar, de escuchar, de estar donde están las conversaciones.

También nos hemos inflado de decir que no es una moda o una tendencia, que no es pasajero, no lo usan solo los jovenes y que no es una tontería.

Sin embargo, la mayoría de las organizaciones sanitarias aún no lo han entendido (o no lo quieren entender) y pese a que alguna ha ido abriendo poco a poco y  muy tímidamente perfiles en redes sociales (no demasiadas) su uso sigue siendo unidireccional y  fundamentalmente publicitario.

Siguen pensando que la interacción con la población que atienden se hace "suficientemente bien" con notas de prensa precocinadas (que al final terminan siendo requetecomentadas en alguna red social) y a través del buzón de sugerencias/hojas de reclamaciones para los usuarios.

No han entendido que la cifra de ventas de la prensa escrita es cada vez más baja por lo que el impacto de lo que en ella se publique es limitado ni que los pacientes saben de sobra que las hojas de reclamaciones se contestan con el tradicional copy&paste de la anterior.

Siguen pensando que no es necesario tener presencia cercana y fluida allí donde se están produciendo las conversaciones. Con un responsable de prensa al uso (con suerte con dedicación a tiempo completo) que haga de interlocutor con la prensa convencional es suficiente... y ya usamos el perfil de Twitter para darle bombo a la nota de prensa. Poco más.

Pero esto va más rápido. Y cada vez es más frecuente ver fotografías de salas de urgencias, de salas de espera, de pacientes, de profesionales o de mobiliario deteriorado que, cuando llegan a la mesa del gerente porque han terminado en la prensa convencional, ya solo sirven para generar un "gabinete de crisis" improvisado cuya principal misión es apagar el fuego por donde la reputación del centro se está haciendo trizas (ah!! y para tratar de averiguar si alguien del centro ha participado en su difusión).

Sin embargo, cuando vienen a ser conscientes de que alguien está publicando sus verguenzas... la foto o el video ya han conseguido el impacto que buscaban e incluso se han hecho virales como en el caso de este video grabado por un padre (tan solo con un smartphone) en el hospital de Valme de Sevilla días antes de que Susana Díaz pariese allí y que tiene más de 145000 reproducciones y se ha compartido más de 4800 veces.

Todavia no han entendido que el 2.0 (con sus cosas buenas y sus cosas malas también) está aquí para quedarse y que, o se ponen las pilas, o les pasará por encima.

En definitiva, malos tiempos para la lírica.


Esta entrada veraniega está dedicada a Taite, Emma y otras responsables de comunicación que también se hartaron de decirlo y que hoy, por desgracia, ya no están en el sector salud.

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viernes, 7 de agosto de 2015

Hey Aquilino! tenemos un problema




La idea inicial era titular esta entrada "O Follamos todos o la puta al rio", uno de los refranes del prolijo refranero español que expresa exactamente lo que muchos trabajadores de nuestra organización están pensando y sintiendo tras ver la cantidad que se le ha abonado en el primer pago de nuestro abono de incentivos, el famoso Complemento al Rendimiento Profesional (si, nuestra paga de incentivos se abona en dos cómodos plazos). El refranero español es tan rico que siempre se encuentran refranes para casi todo. Pero como suena (y es) muy machista y no es nuestra intención intimidar o molestar al lector, al final lo hemos cambiado.  


No es la primera vez que hablamos de incentivos en este blog pero es que el tema está de rabiosa actualidad y con razón.

Nosotros hemos leido y estudiado sobre incentivos, sobretodo de los que más saben (y han escrito en la blogosfera) que son Miguel Ángel Manyez y Sergio Minué.

En rasgos generales, aunque no existe un sistema de incentivos ideal, al menos, un buen sistema de incentivos debería ser justo (que premie a los que de verdad se esfuerzan y cumplen con los objetivos), equitativo (tratando a todos los profesionales por igual pero respetando sus diferencias), proporcional al logro (cada cuál recibe en función de la aportación individual a los logros de la unidad) y monitorizable (que los indicadores estén bien fabricados y que sean medibles a lo largo del tiempo)

Sin embargo, el actual sistema del Servicio Andaluz de Salud no cumple con estos requisitos. Aunque en su origen tenía la pretensión de ser un instrumento para propiciar la mejora contínua de la atención sanitaria, nació tarado, ya que, en el fondo, no era más que un aumento de sueldo encubierto y camuflado en época de vacas gordas (por eso las exageradas diferencias en las tablas de remuneración entre diferentes profesiones). Pero eso ya lo contamos en esta entrada hace dos años.

El problema es que, lejos de mejorar el sistema en estos más de diez años, la imposición de la mayoría de los objetivos y la obstinación por mezclar estos objetivos (e ineludiblemente los incentivos) con registros, con consumos (de personal o de fungibles), con ahorro farmacéutico o con actividades muy concretas y específicas (como el decreto de demoras), ha deteriorado enormemente la percepción que los profesionales tienen de ellos y, sobre todo, limitado la capacidad de muchos miembros de las unidades de participar en su consecución.

Y al final tenemos un sistema que no es justo ni equitativo ni proporcional al logro y que propicia que una auxiliar de enfermería de una planta de medicina interna (nadie puede decir que no curren en interna), que apenas ha podido aportar nada a la consecución de objetivos, se le penalice proporcionalmente recibiendo una paga de incentivos de solo 500 euros, que un celador de quirófano (todos sabemos que sin ellos el quirófano no funciona) en las mismas circunstancias reciba en su primer plazo 86 euros, que una administrativo responsable de cita previa (ellas son las que manejan las tripas de Diraya) menos de 300 euros o que el director de una Unidad de Gestión que no ha pasado del 50% en la consecución de objetivos cobre más que el mismísimo gerente. 

Con este sistema no incentivamos ni producción, ni calidad ni nada por el estilo... en todo caso lo que se incentivan son cosas como la holgazanería, la mediocracia y, sobre todo, la desafección por la organización por lo que no podemos rasgarnos las vestiduras si muchos profesionales solo piensan en que acabe su turno o en que llegue el viernes.

En definitiva, tenemos un sistema que desincentiva, que desmotiva y que descree.

Y eso es un gran problema. 

Ha llegado el momento de repensar el sistema de incentivos para los próximos años, cambiando el actual de arriba a abajo. Un buen punto de partida son los 6 puntos de esta entrada de Salud con Cosas y el checklist de esta entrada de Gerente De Mediado.

Para el nuevo Consejero de Salud, Aquilino Alonso, replantearse el sistema de incentivos seria una buena forma de empezar a cumplir el encargo de aumentar la complicidad y la implicación de los profesionales.



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miércoles, 29 de julio de 2015

Déjà Vu



Como todos los años, es pasar unos días de julio y las portadas de las mayoría de los periódicos locales y nacionales se llenan de noticias de hospitales con el cartel de completo, de urgencias colapsadas y de quirófanos suspendidos.

Volvemos a leer declaraciones de responsables políticos tratando de justificar lo injustificable pero refiriéndose solo al cierre de camas (las de nuestro nuevo consejero, aunque con algo de razón, no dejan de ser desafortunadas al tratar de bromear con el asunto ....), las de medios y organizaciones sociales y sindicales alarmando sobre lo grave que es cerrar camas (aunque como explicó Javier Padilla en este fantástico post, no siempre es tan alarmante), las de pacientes quejándose y las de profesionales lamentándose amargamente en las redes sociales (esas que cada vez tienen más poder para generar opinión).

La cuestión es ¿cómo es posible que año tras año sigamos en las mismas? 

Posiblemente, como pasa con las epidemias anuales de gripe, no aprendemos de un año para otro, de forma que no podemos esperar resultados distintos si siempre hacemos lo mismo.

Porque, aunque si bien es cierto que el descenso de la actividad quirúrgica y, por tanto, del índice de ocupación de la mayoría de los hospitales es un momento "pintiparado" para tratar de ahorrar unos eurillos en el ya-de-por-si-maltrecho capítulo I, es metafísicamente imposible, por mucho que cada año se intente y muchos de nuestros gestores no lo entiendan, que un centro hospitalario siga funcionando de un día para otro como si tal cosa (igual de bien o de mal) con una planta menos (o más de una) pero sin planificar ni medir (como reclama Alfonso Pedrosa en este post) con suficiente antelación.

Si al porcentaje sustancioso (un 10% o un 20%) de camas menos no le añadimos nada más -  si no tocamos los famosos "criterios de ingreso" y funcionamos como si estuviéramos a pleno rendimiento, si llenamos los servicios de urgencias de enfermeras que acaban de desempolvar la L, si no reforzamos y priorizamos las pruebas complementarias ambulatorias,  si seguimos funcionando de verdad sólo de lunes a viernes, si mantenemos la organización hospitalaria por especialidades, si no modificamos las guardias (número de especialistas de presencia y localizados) adaptándolas a los cierres y desprogramaciones, si no reforzamos los servicios de urgencias extrahospitalarios, si no cuidamos la atención primaria (ya de por si maltrecha)todo nuestro plan de vacaciones se reduce a pedir menos contratos para enfermeras aprovechando que se cierra una/varias plantas (Ah!! los facultativos no se sustituyen pero tampoco se reducen en número aunque sus plantas se cierren).

Al final, el único fin no es adaptar la producción (con sus insumos y sus consumos) a la demanda, lo cuál sería razonable e incluso deseable y justificado, sino dar una nueva vuelta de tuerca (y, como siempre, a la cuenta la vieja)

El responsable correspondiente seguro que se sintió satisfecho cuando en mayo llevó su plan a los servicios centrales. Su hoja de cálculo había cuadrado con las jornada asignadas (ya descontado el anual descuento con respecto al año anterior) y cruzó los dedos confiando en la suerte para salir poco en prensa al llegar los primeros días del verano.

Sin embargo, los profesionales volverán a quejarse de su amarga suerte (y vivirán tardes como la que tan bien se describe en este post de Enfermería de Trinchera) y el usuario - Ay! el usuario - seguirá yendo a urgencias, como siempre.

En fin, un déjà vu.


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miércoles, 22 de julio de 2015

La semántica en las organizaciones


Hace unos dias, con motivo del anuncio de la publicación de la resolución del Ministerio de Sanidad que equipará los títulos de diplomado con el grado (podeis leer más en esta fantástica entrada de Salva Meijome) los amigos de Cuidando publicaron este post hablando de la importancia de huir de tanto acrónimo para definirnos simplemente como enfermeras.

Obviamente estamos totalmente de acuerdo con el cuerpo de esa entrada... allí donde vamos nos denominamos enfermeras; pero queremos ir más allá. 

Pensamos que la forma en la que nos denominamos puede tener más trascendencia de lo que pensamos. Más allá del simple acrónimo o denominación genérica, la semántica puede tener su aquel.

Creemos que unir enfermeria a todo lo que hacemos generando un terreno propio en lo clínico, en lo académico o en la gestión, en el fondo no nos ha hecho bien. 

Durante muchos años hemos tratado (nosotros también hemos participado) de hacer discriminación positiva tratando de que la palabra enfermería apareciera de forma independiente en casi todo lo que tenia que ver con lo que hacíamos en nuestras organizaciones.

Le pusimos enfermería a nuestros diagnósticos cuando ya había diagnósticos, le pusimos enfermería a muchas técnicas cuando muchas de ellas ya existían, le pusimos enfermería a la prescripción, a los cargos de gestión, a los cursos... a todo lo que pudimos defendiendo un territorio que considerábamos propio.

Pero llegados a este punto, puede ser que nos hayamos pasado de rosca en esa discriminación positiva.

En todo este tránsito nadie cayó en la cuenta de que, lo mismo, lo primero que habría que haber hecho es darle un sentido distinto a la palabra enfermería haciéndola importante antes de ponerla detrás de todo. 

Es indudable que pese a nuestros esfuerzos, en el subconsciente de los pacientes, de los médicos, de los gestores y, lo que es peor, de nosotros mismos, por una cosa que se llama semántica cognitiva, enfermería es una palabra de menor rango que medicina por aquello de que su lexema es enfermedad.

Y es posible que ahí estén muchos de nuestros problemas actuales y de desarrollo futuro. Incluso del origen de esa violencia horizontal que tanto nos atenaza.

Mientras no cambiemos esto, mientras nuestros representantes: colegios, sindicato de clase o insignes gerifaltes de la gestión sigan insistiendo en ponerle enfermería a todo lo nuevo que haya por hacer, no tendremos un suelo lo suficientemente firme donde pisar para presentar batalla como nos reclamaba Juan F. Hernández en esta magnifica entrada.

Mientras no le demos valor a la palabra enfermería (puede que el gran secreto de la enfermería canadiense y de Doris Grinspun esté ahí) solo abriremos nuevos frentes en una batalla eterna.

Da igual que las propuestas de desarrollo profesional vengan de cualquier blog enfermero, de Avances en Gestión Clínica, de Salud con Cosas, de Enfermería frente al Espejo, de este blog, de KevinMD o del mismísimo Rafael Bengoa, seguiremos perdiendo la batalla de la gestión clínica, nuestros supervisores seguirán sin ser reconocidos ni cobrar las guardias (ser jefe de la guardia ni lo hablamos), la prescripción que haga la enfermera siempre será de segunda (porque prescribir apósitos y pañales es un salto pero es de segunda), las prácticas avanzadas solo serán una utopía o un arabesco lateral, seremos los más recortados en periodos de crisis... y así hasta el infinito.

Puede que este post suene muy poco corporativo, muy poco enfermero... pero es lo que tiene pensar en voz alta. O lo mismo solo es el tinto de verano ;))


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